Niños, mentiras… y otras verdades

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“Los niños ni ocultan mentiras, ni callan verdades.” Dice el refrán. Pero, ¿es cierto? ¿Son sinceros los niños?

Todas las madres decimos que no se debe mentir, que las argucias son malas pero el engaño forma parte innegable de nuestra vida social, por sinceros que nos creamos. Mentimos entre 2 y 3 veces al día de forma directa y otras muchas por omisión y otras maneras indirectas. Mentimos para no herir a otros. Para salvaguardar nuestra autoestima. Para protegernos frente a los desconocido… Y eso sin contar con los autoengaños, esas pequeñas mentirijillas que nos ayudan a tirar adelante, ese “yo puedo con todo” o el “por un poco de chocolate no va a pasar nada”.

Contar mentiras es aseverar verbalmente una falsedad con la intención de engañar a otros.  La intencionalidad de la mentira es la que la convierte en un juego de adultos y los matices morales del engaño que perpetra son múltiples y son los que vamos aprendiendo con la edad. Los niños no aprenden a mentir sino aprenden a separar la verdad de la mentira, cuando está bien mentir y las consecuencias de hacerlo.

Durante los primeros años de vida la realidad y la ficción pueden confundirse y los niños pueden hacer relatos faltos a la verdad sin ningún tipo de conciencia y ser sinceros  al respecto ante preguntas directas y concretas sin entender de incongruencias.Quién no ha recibido una explicación perfectamente detallada sobre como habían jugado a hacer saltar unas ranas traídas por una maestra nueva y ante la pregunta de si la nueva  maestra le gustaba recibir una tajante negación a cambiar jamás de maestra.

A partir de los 3 años los niños empiezan a mentir conscientemente. Básicamente los embustes son para protegerse de un castigo, para agradar al adulto o para salirse con la suya. Ahí es dónde empezamos a insistir en que no se debe mentir. Pero lo más importante en este momento es no engañar a nuestros hijos. A esta edad los niños perciben la verdad y la mentira en blanco y negro, sin matices y cuando descubren cualquier embuste se sienten traicionados.

Una vez cumplidos los 6 años empieza el aprendizaje de los submundos de la mentira adulta. Un aprendizaje difícil que dura unos cuantos años y que les enseña a moverse entre las mentiras piadosas, los embustes genuinos y la traición a la verdad. Según un estudio canadiense sobre cómo los niños perciben la moralidad en las mentiras, los niños más pequeños asocian bien y mal con verdad y mentira mientras que a medida que crecen son capaces de dar más importancia al fin de la mentira “o la verdad” que a la veracidad de lo afirmado.

Pero tan importante como saber mentir, o, mejor dicho, saber cuándo podemos mentir, es saber detectar las mentiras.

Cuando son muy pequeños los niños son muy crédulos pero enseguida empieza el aprendizaje para detectar el embuste y ahí, sorprendéntemente, son mejores los niños. Según un Estudio de la Universidad Autónoma de Nueva León sobre cómo aprendemos a detectar las mentiras, los niños son mejores destapando argucias que los jóvenes y adultos. Los niños solo se basan en las indicaciones que la comunicación no verbal les da sobre si decimos la verdad o no, y en cambio los adultos tenemos en cuenta otras variantes sobre la persona, nuestros criterios y las posibilidades de la mentira explicada.

Por tanto, aunque no nos lo parezca nuestros hijos pueden olerse nuestras mentiras y si queremos que no nos mientan o, mejor dicho, solo mientan cuando sea moralmente aceptable. Debemos ser sinceros con ellos y demostrar con nuestros actos que no debemos mentir.

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Acerca de happylittlethingblog

Treinta y tantos, comunicadora, mamá, beautyadicta y aficionada a la moda pero sobretodo optimista por naturaleza. Disfruto de los pequeños momentos y me gustaría compartirlos.
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6 respuestas a Niños, mentiras… y otras verdades

  1. Interesante reflexión Judith, la verdad es que mentir forma parte de la manera de relacionarnos e incluso de la buena educación, porque aunque aquella señora es gorda y fea no es de recibo decírselo a la cara… Estoy de acuerdo que somos modelo, y francamente, muy desperfecto. La cosa es que a ver cómo les miramos a la cara diciendo que no se miente cuando somos Reyes Magos, ratoncitos Pérez y demás fantasías… Difícil, como todo en educación.

    Le gusta a 1 persona

    • Mira el otro día pensé que tenía ganas de hacer posts de divulgación científica desde una vertiente de maternidad y he empezado por aquí jaja
      Sobre reyes y otras fantasías que les hacemos creer tengo mis dudas sobre su justificación ¿necesitam creer los niños que el mundo es más de lo que es?
      Saludos blogueriles

      Le gusta a 1 persona

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